Desde sus orígenes prehistóricos, la tauromaquia se asocia a
la valentía: el hombre demuestra su valor al enfrentarse al toro. En la
actualidad, la práctica se vincula también a cuestiones estéticas, ya que se
tienen en cuenta los movimientos que realiza el matador.
La tauromaquia, en décadas pasadas especialmente, consiguió
convertirse en un referente del país e incluso en uno de sus atractivos. Así,
por ejemplo, había ilustres personajes que llegaban a España y tenían como
principal objetivo asistir a corridas de toros pues les entusiasmaban. Nos
estamos refiriendo a celebridades como Ernest Hemingway o Ava Gardner.
Hoy la tauromaquia se desarrolla a través de la actividad
conocida como corrida de toros. Muy populares en España, las corridas de toros
se desarrollan en un recinto específico (llamado plaza de toros) e implican la
participación de varias personas, siendo la más importante en la ceremonia el
torero o matador. Al finalizar la corrida de toros, el animal muere. Por sus
características, existe un importante movimiento mundial que se opone a la
tauromaquia y que incluso ha logrado prohibirla en muchas regiones. Los
defensores de la tauromaquia, en cambio, aseguran que el trato que recibe el
toro no es tan cruel y sostienen que la práctica permite la subsistencia de la
raza conocida como toro de lidia.
La tauromaquia es originaria de España y se remonta a la edad de bronce, en donde solo la realeza era digna de demostrar su valentía frente a un toro, al contrario de lo que se cree, el rejoneo es la expresión más antigua, los escritos datan del año de 1455 en España. Y esto no sería posible sin el toro bravo. Estas historias se entrelazan de tal manera en la que se cree que los primeros enfrentamientos fueron con los urus animales de caza que a pesar de no ser una raza endémica de España fue allí donde se encontró uno de los mayores asentamientos.
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